sábado, 15 de julio de 2017

Domingo de los Santos Padres del IV Concilio Ecuménico. Lecturas de la Divina Liturgia


Tit 3,8-15: Esta es una doctrina digna de la fe, y quiero que en este punto seas categórico, para que aquellos que han puesto su fe en Dios procuren destacarse por sus buenas obras. Esto sí que es bueno y provechoso para los hombres. Evita, en cambio, las investigaciones insensatas, las genealogías, las polémicas y las controversias sobre la Ley: todo esto es inútil y vano. En cuanto a los que crean facciones, después de una primera y segunda advertencia, apártate de ellos: ya sabes que son extraiados y pecadores que se condenan a sí mismos. Cuando te mande a Artemás o a Tíquico, trata de ir a mi encuentro en Nicópolis, porque es allí donde he decidido pasar el invierno. Toma todas las medidas necesarias para el viaje del abogado Zenas y de Apolo, a fin de que no les falte nada. Los nuestros deben aprender a destacarse por sus buenas obras, también en lo que se refiere a las necesidades de este mundo: de esa manera, su vida no será estéril. Recibe el saludo de todos los que están conmigo. Saluda a aquellos que nos aman en la fe. La gracia del Señor esté con todos ustedes.

Mt 5,14-19: Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo. No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

La figura del Padre Espiritual en la tradición ortodoxa


Aunque el confesor es una figura bien conocida entre los católicos de Occidente, la tradición de los padres espirituales es ciertamente menos conocida y establecida en nuestras tierras que en Oriente. ¿Quién es el starets, esta figura fascinante que puebla las novelas de Dostoyevski y el monte Athos?

Un starets… ¿para qué?

El término ruso “starets” designa ante todo a un hombre anciano, y la imagen icónica de un viejo monje de larga barba blanca y vestido por completo de negro no está muy desencaminada.

Es un personaje central de la tradición ortodoxa, por lo general un monje reconocido por su gran sabiduría y su experiencia y a quien las personas, peregrinos e “hijos espirituales” acuden para conocer “el amor que guía”, según menciona el padre Séraphim de Valaam.

Aunque no es necesariamente el confesor de aquellos a quienes guía, el starets es ante todo un hombre de una gran experiencia espiritual.

Siluan el Athonita concebía la dirección espiritual de un padre como una necesidad imperiosa: “No inicies tu vida de oración sin un padre espiritual; no pienses desde tu orgullo que puedes arreglártelas solo, incluso con libros”.

El padre espiritual es la garantía de humildad de aquellos a quienes guía y, por tanto, de su progresión. Y es que el cristianismo oriental ha permanecido profundamente influido por la tradición hesicasta, que trata de conocer la paz del alma en la intimidad de Dios al término de un largo camino espiritual. Es este camino sinuoso el que ya ha recorrido el starets, como un explorador, deshaciéndose poco a poco de todas las consideraciones mundanas para permitir actuar al Espíritu Santo, por él y también por el beneficio de los demás.

Así pues, el starets es un intermediario a través de quien el Espíritu se dirige a quienes piden socorro y consuelo. Por eso, su vida es ante todo una vida intensa de oración. En su enseñanza y su consejo, el starets revela tanto la lección de su experiencia como el producto de su oración. En la oración auténtica, la del corazón, el padre espiritual obtiene el amor verdadero, el amor evangélico, la caridad indispensable en su relación con el prójimo.

Cultiva la riqueza espiritual de la vida monástica para entregar una pizca de su precioso fruto a quienes viven en el mundo. Establece, pues, un vínculo crucial para la vida espiritual de los fieles, entre el mundo distante y recluido del monasterio y el mundo de los “seglares”. La famosa obra anónima Relatos de un peregrino ruso pone de relieve una función distinguida del starets, que es la de desmitificar la vida cristiana y la obra de los Padres de la Iglesia. Así, el starets indica al peregrino —y a través de él al lector— los pasajes de los Evangelios a los que recurrir para aprender a rezar, los de estudio prioritario en la Filocalia, etc.

Pero si la figura del starets resplandece hasta el punto de ser un personaje central de Los hermanos Karamazov, de Dostoyevski, es porque está asociada a un carisma particular, sobre todo a la capacidad de discernir las necesidades propias de cada uno, fruto de un gran conocimiento del alma humana y de sus sufrimientos.

Son muchos los escritos que evocan los rostros juveniles y refulgentes de estos ancianos. El starets logra llevar consigo la impronta del amor en el que vive, porque no es un director autoritario ni cruel. El archimandrita ortodoxo francés Syméon Cossec afirma que debe ser como “el icono” de Cristo compasivo y sanador.

De modo que es exactamente lo contrario de un severo director de conciencia, frío y distante. En la relación con sus hijos espirituales, el staretsadmite cargar sobre sí sus faltas para hacerles crecer, y así cumple su misión sacerdotal.

La relación con un starets debe pues concebirse como una forma de experimentar la acción del Espíritu, así como de aprender de la experiencia de un “viejo sabio” que ya ha pasado por las duras pruebas de la vida espiritual.

Es un faro, y muchos de ellos, a veces taumaturgos, han sido canonizados en la Iglesia ortodoxa. Así descubrimos los linajes de padres espirituales: san Silouan del Monte Athos tuvo al starets Sofroni como discípulo e hijo espiritual, que a su vez guió a muchos más monjes en vida que se convirtieron también en starets.

Los padres espirituales de Oriente perpetúan y renuevan de esta manera una tradición viva que, más allá del mito, es una realidad esencial de la vida espiritual.


Fuente: Aleteia (Adaptación propia del título)

domingo, 9 de julio de 2017

V Domingo de Mateo. Evangelio de la Divina Liturgia


Mt 8,28-34;9,1: Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino. Y comenzaron a gritar: «¿Que quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?» A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo. Los demonios suplicaron a Jesús: «Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara». El les dijo: «Vayan». Ellos salieron y entraron en los cerdos: estos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado, y se ahogaron. Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados. Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio. Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad.